Monday, July 1st, 2013

Con baile y lágrimas fue recibido el tratado del libro para no videntes

Traducción  por Ángela Rodríguez, Corporación Innovarte.

3 de Julio del 2013

Marcus Low

 

Fatem-Zohra Taifor, activista no vidente marroquí, hablando en un evento con varios activistas no videntes. “Desbloquear, no bloquear  El Texto del Tratado”. Foto tomada por Jim Fruchterman bajo una licencia de Creative Commons.

OPINIÓN

El 22 de junio, un tratado para los no videntes  apuntaba al desastre, ya que los negociadores pararon y rechazaban conciliar sus  posiciones más duras. Tres días después, un negociador que salió de la sala de negociación  en el Hotel Atlas Medina en Marrakech, anunció a un tenso  y exhausto grupo de  observadores, “¡Tenemos un texto!” Las lágrimas y bailes que lo siguieron no se asocian fácilmente con un proceso de  elaboración del derecho internacional.

Eran cerca de las 11pm del día martes 25 de junio del 2013, cuando salió un negociador de la habitación en el hotel Atlas Medina en Marrakech y dijo: “¡Tenemos un texto!”, el tenso y exhausto grupo de activistas, abogados y representantes de los grupos de personas no videntes, quienes reaccionaron con gritos de júbilo. Había lágrimas y abrazos por todas partes. Las noticias se filtraban en las horas que le precedieron anunciando que las cosas salieron bien y los puntos principales en el texto se habían decidido a nuestro favor. Tenemos un tratado y, aunque no hayamos visto el texto, sabíamos en ese momento que sería bueno.

Para algunos, ese momento fue el final de una lucha de cinco años desde una reunión inicial organizada por Knowledge Ecology International (KEI) con la Unión Mundial de Ciegos (UMC) para debatir un tratado potencial que ayudaría a los no videntes a acceder a los libros. La idea para ese tratado había sido previamente planteada en la década de 1980, pero no había llegado a ningún lado. Incluso, este reciente tratado fue considerado por muchos como una utopía hace menos de un año.

Para mí, el viaje a Marrakech empezó sólo hace seis meses en una noche nevada en Berlín. Estaba en una reunión sobre el acceso a medicinas, representando a la Campaña de Acción por el Tratamiento. Camino al hostal donde nos estábamos hospedando, James Love de KEI, que había notado mi poca visibilidad, comenzó a hablarme sobre su trabajo en el tratado para las personas no videntes. Sabía del problema que el describía muy bien, pero no tenía idea del gran trabajo realizado para resolverlo. Después de esa conversación con Jamie, no tenía otra opción más que involucrarme.

http://www.youtube.com/watch?v=-Q0An0iBVLg&feature=player_embedded

Marcus Low lleva la declaración final de la Coalición de la Sociedad Civil en Marrakech.

Se estima que solo entre un 5% a un 7% de los libros están disponibles en formatos accesibles para personas no videntes en los países desarrollados. En los cuales, la vasta mayoría de la población no vidente reside, lo que figura como un 1%. Nosotros llamamos esta escasez de libros “El hambre de lectura”.

El hambre de lectura tiene dos causas duales. Primero, los editores simplemente no se han tomado la molestia de hacer sus libros accesibles a los no videntes. Hay solo entre 285 y 340 millones de no videntes y personas con trastornos visuales en el mundo, pero al parecer no es suficiente para garantizar una inversión en la accesibilidad. La forma acerca de este caso de falla de mercado podría ser de las bibliotecas que atienden a los no videntes. Sin embargo, la ley de derechos de autor, que es la segunda causa del hambre de lectura, tiene hasta ahora muy restringido lo que las bibliotecas pueden hacer por estas personas.

La solución al hambre de lectura que KEI y La Unión Mundial del Ciego comenzaron a trabajar en 2008 era simple. Ellos solicitaron un tratado internacional que crearía excepciones específicas a los derechos de autor para las personas con discapacidades visuales. En otras palabras, un tratado que no cambiaría la ley de derechos de autor para cualquiera que no tenga una discapacidad visual, pero que mitigaría específicamente el derecho de autor solo para los discapacitados visuales. En esencia, el tratado haría el crudo instrumento que es el derecho de autor más sensible a las necesidades de un grupo específico de seres humanos del mundo real.

La idea fue rápidamente tomada por varios países de Latinoamérica   ( Ecuador, Brazil y Paraguay* nota del traductor) que lo introdujeron a la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI, una agencia de las Naciones Unidas). Luego de muchos debates durante varios años, se anunció una conferencia diplomática para concluir el tratado en diciembre del año pasado. Es esa conferencia diplomática la que finalizó el pasado viernes, cuando 51 países firmaron el tratado de Marrakech para facilitar el acceso a las obras publicadas para los no videntes, discapacitados visuales y personas con problemas para leer.

Los detalles del tratado son legalistas y tendremos que esperar y ver como son interpretadas ciertas cláusulas, pero en resumen, el tratado firmado la semana pasada logrará lo siguiente:

Permitirá a las así llamadas entidades autorizadas (generalmente bibliotecas) en un país para enviar libros con formatos accesibles directamente a las entidades autorizadas o a individuos no videntes en otro país. Previo al tratado, esto era a menudo ilegal y los libros disponibles en las grandes bibliotecas terminaban atrapados en los límites nacionales. Como resultado, los mismos libros tenían que ser hechos de nuevo en cada país donde una persona no vidente lo necesitara.

El tratado también permite el desbloqueo de cerrojos digitales en los e-books para el beneficio de los no videntes. En otras palabras, un libro Kindle o iBook con gestión de derechos digitales puede ahora ser desbloqueado e impreso en Braille sin consultar al titular de los derechos.

Aún más importante, la mayoría de las disposiciones que están relacionadas con la disponibilidad comercial, fueron eliminadas en las últimas negociaciones del tratado. Tales disposiciones habrían requerido a las entidades autorizadas  revisar si los libros están comercialmente disponibles en el mercado local antes de hacer y proveer versiones asequibles. Esto habría introducido importantes trámites burocráticos y habría tenido un efecto amedrentador en la implementación del tratado. También habría fijado un estándar más alto que las bibliotecas normales para las personas no videntes, donde no hay restricción para proveer comercialmente los libros disponibles. (Sin embargo, la disponibilidad comercial mantiene una opción para los países que ya tienen esa disponibilidad en su ley nacional y eligieron usarla.)

El tratado tiene el potencial de mejorar masivamente las perspectivas educacionales y profesionales de millones de personas con discapacidad visual en el mundo. Sin embargo, el tratado solo entrará en vigor cuando sea ratificado por 20 países. Esto podría tardar unos meses, o incluso años. Además, muchos países tendrían que cambiar sus leyes nacionales antes de que puedan utilizar las provisiones del tratado. Tan importante como lo es el tratado, este es solo un medio para alcanzarla, y el fin para el acceso desigual a los libros para las personas no videntes es, de alguna manera, lejana.

Difíciles negociaciones

El alivio y la emoción del pasado martes fue superado por el hecho de que solo tres días antes, el tratado parecía ser guiado al desastre. El sábado, el presidente de la conferencia decía que las negociaciones estaban en crisis y en broma amenazaba con cerrar los aeropuertos. No estaba injustificado su pesimismo con los negociadores. Pasado los primeros días de la conferencia, algunos negociadores habían mostrado un remarcable y provocativo cinismo.  Como observadores, se nos permitió sentarnos en una habitación cercana a la de las negociaciones y escuchar un audio de esta. No se nos permitía compartir ningún detalle de lo que escuchábamos. Algunos negociadores no estaban de acuerdo con otros y se negaban a explicar por qué lo estaban. Otros debatían algunas de las principales clausulas estándar del tratado y luego lo dejaban pasar así de simple. Era política cínica del peor tipo.

Al mismo tiempo, era decepcionante ver el acceso que lobbistas de la industria tenían sobre algunos negociadores claves, especialmente de los Estados Unidos. Esto se exhibía abiertamente en los pasillos del Palais des Congrès, donde la mayoría de las negociaciones se llevaron a cabo y en el Hotel Atlas Medina donde (llamadas oficiosas) tuvo lugar el cierre de las negociaciones. No fue  una sorpresa cuando a medio camino de la conferencia, el Washington Post publicara la historia, seguido por el Guardián, sobre el extenso lobby que eran objeto  los negociadores norteamericanos por parte de la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos. Aunque la mayoría de los grupos de interés de la industria se habían opuesto al tratado en un principio, al momento en que fuimos a Marrakech, el tratado era virtualmente inevitable. Ningún país quería ser el que se fuera del tratado para no videntes. La verdadera pregunta para ser respondida en Marrakech era si el tratado sería lo suficientemente bueno para ayudar a alivianar el hambre de lectura.  A pesar de lo que sea que digan ahora, los Estados Unidos y la Unión Europea a instancias de los grupos de lobbistas  de la industria, no habían querido   un tratado como el que  finalmente obtuvimos.

Más bien, la mayoría del crédito por el tratado debe ir a los negociadores de los países en desarrollo que defendieron los intereses de los no videntes y se negaron a dar paso a la tremenda presión de los Estados Unidos y la Unión Europea. Muchos países y negociadores contribuyeron, pero las delegaciones de Nigeria, Ecuador, India, Brasil y Argelia hicieron particularmente un buen trabajo. Su profesionalismo y humanidad fue un antídoto bien recibido a la mayoría de los norteamericanos y europeos cínicos. Solo podemos esperar que una tendencia similar se refleje en otras negociaciones multilaterales.

Mientras que el tratado tiene potencial para hacer una gran diferencia en las vidas de las personas con discapacidad visual, no es todo el alcance de su relevancia. Por primera vez, es un tratado de derechos de autor sobre los usuarios y los derechos humanos,  más que los intereses personales de los titulares de derechos. Es un tratado sobre las excepciones a la propiedad intelectual más que la expansión más allá de esta. Es un tipo de tratado de los derechos humanos sobre los derechos de autor que  ni los más cínicos entre nosotros  habrían creído posible.

Por supuesto, si hay algún tratado   que va  por la ruta de los derechos humanos, sería probablemente, el tratado para los no videntes.  Por ello  el fracaso para concluir un tratado sobre un asunto tan  moralmente claro como el de los no videntes, habría sido una dura crítica a la capacidad para responder a los problemas humanitarios por parte de las Naciones Unidas y a la OMPI. Todavía, por pequeña que parezca la victoria en el cuadro más general de la política y el comercio internacional, este tratado simboliza una victoria de la humanidad y la decencia sobre el cinismo político. Y eso, tanto como el mismo tratado, vale la pena celebrarlo.

Marcus Low asistió a la Conferencia Diplomática de la OMPI en Marrakech- Marruecos, como Asesor Superior de la Coalición de la Sociedad Civil, una red de organizaciones e individuos con un interés en el tratado. Él es el editor de Igualdad de Trato y NSP Review. Puedes seguirlo en Twitter @marcuslowx.

Traducido por          Ángela Rodríguez, Innovarte   www.innovarte.cl

Sin perjuicio de los derechos sobre la obra primigenia, se autoriza su  utilización  de la traducción  de manera libre,  en la medida que se mantenga la  siguiente leyenda:

Traducido por Ángela Rodríguez,  Innovarte   www.innovarte.cl

Category: Noticias
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